Clara reconoció a Jesús en los niños
abandonados. Por esto, y a pesar de una fuerte oposición
por parte de las autoridades civiles y eclesiásticas,
escogió, para la Congregación recién
fundada, el nombre de

En este
nombre, encontró expresada la misión
apostólica de su comunidad: LA
EDUCACIÓN CRISTIANA DE LOS NIÑOS Y JÓVENES,
sobre todo de los más marginados. Clara explicaba
su obra diciendo sencillamente: CONDUCIR
LOS NIÑOS A JESUS.
Esta
misión no ha perdido hoy nada de su urgencia.
Según las circunstancias peculiares, de las
diferentes partes del mundo, las hermanas tratan de
comprometerse, en especial donde los niños
y jóvenes necesitan ayuda. A esta tarea consagra
ella toda su vida, su trabajo, su oración.
ESPIRITUALIDAD.
Clara
pudo realizar su misión porque se esforzó
en vivir con Dios y en Dios. Amaba la palabra del
Señor transmitida por Juan: " Manete
in me" - " Permaneced en
mí", y la convirtió en expresión
de su propia aspiración espiritual. En sus
meditaciones marianas leemos: " María
tenía un solo pensamiento, un pensamiento único,
sencillo e infinitamente sublime. El pensamiento de
María era el Señor". Y Clara deseaba
realizar este ideal.
Bajo
la dirección del Padre Sartorius buscaba la
cercanía permanente de Dios en el misterio
de la Eucaristía,
lo que ella llamó sencillamente "La práctica".
Con frecuencia dirigía su mirada al Señor
presente en el sagrario.
Como
Hermana del Niño Jesús Pobre, Clara
contemplaba con amor especial el misterio de la encarnación
y de la infancia del Señor. De allí
sacó aquella alegría interior, que es
más poderosa que el dolor y las decepciones.
Ella anhelaba ver a sus hermanas alegres, libres,
concientes de ser amadas por Cristo y con la confianza
de un niño que se abandona en los brazos del
Padre