Avenida 28 N° 35-11 Bogotá - Colombia Tel: +573680755

©2019 by Hermanas del Niño Jesús Pobre Colombia. Hna Manuela PIJ -  Elkin G. Derechos Reservados

Pensamientos de la

Madre Clara

TIEMPO DE ADVIENTO

Un corazón humilde está de ordinario en una profunda paz; no se sorprende en sus propias faltas; no se apena, si otros no se le hacen encontradizos, como debieran; no se acongoja por una aparente postergación. Ama el escondimiento, busca el retiro por su propio impulso; busca pasar desapercibido y estar en soledad.

             Esmerémonos en hacernos humildes de corazón. Hagámonos pequeños. Humillémonos y aceptemos gustosos las humillaciones; reconozcamos que no podemos ayudarnos ni guiarnos a nosotros mismos y que hay otro que nos debe salvar (Meditaciones de Adviento, 1867).

 

Para las almas que anhelan el verdadero recogimiento del espíritu, que quieren llevar una vida interior, ha sido siempre muy querido el tiempo santo de Adviento. Es tiempo de vida escondida, de vida íntima.

 

            En este tiempo de gracia vemos a la Santísima Virgen, Madre de Jesús y Madre nuestra, de modo eminente como el más alto modelo de santísimo e interior recogimiento. Quiera ella alcanzarnos la gracia de crecer fuertemente durante este tiempo en el recogimiento del espíritu y poner de esta manera fundamentos firmes para nuestra vida futura. Vamos a cooperar con nuestras débiles fuerzas, vamos a trabajar en ello lo mejor que podamos. La Santa Madre de Dios vendrá en ayuda de nuestra debilidad, pues desea mucho conducirnos a la unión con su divino Hijo (Conferencia, 24. 11. 1860).

 

Eliminemos, pues, los pequeños idolillos que encadenan nuestro corazón y lo absorben. Alejemos de nuestro corazón todo lo inútil y nuestro corazón encontrará la soledad (Meditación de Adviento, 2. 12. 1867). 

 

Hagamos hoy el propósito de mantener en la medida de nuestras débiles fuerzas nuestra mirada fija en el Señor y en su santa voluntad, y dejar todo lo demás a derecha e izquierda para tomar este camino recto. Tenemos que ejercitarnos poco a poco en esto, pues no es la obra de un día. Seamos fieles en preguntarnos continuamente en todas las ocasiones pequeñas y mínimas: ¿Qué quiere el Señor de mí? Y luego hacerlo con entusiasmo, delante de sus ojos, y hacerlo bien. Si hacemos esto, vivimos así bajo la mirada de nuestro Señor; si hacemos bien en cada momento lo que hacemos, podemos entonces estar convencidos de que Él cuidará de nuestro futuro. Él nos llevará de su mano por el camino recto que Él siguió (Meditación de Adviento, 13. 12. 1867).